Mostrando entradas con la etiqueta Deformaciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Deformaciones. Mostrar todas las entradas

jueves

Las dos cosas


Soñé que estaba con un grupo de gente caminando por un arroyo entre los árboles. Yo sabía que habíamos ido al Tigre, pero en realidad estábamos en el Sur. Íbamos cantando y hablando, no me acuerdo quienes eran; eran amigos y amigas míos, pero no reconozco sus caras. En un momento llegábamos al final del camino, donde había un montón de rocas grandotas y una pequeña cascada. Lo raro es que el espacio abierto ahora era cerrado. Adelante, había una habitación que sobresalía, algo parecido a una cosa que vi en una performance de muchos cubos conectados donde una persona vivía, exponiéndose como obra, o algo así, en fin. El punto es que había gente caminando por ahí arriba, y yo, que estaba abajo, miraba todo y no entendía la cascada y las paredes al fondo. Era como muy contradictorio, pero al mismo tiempo, las dos cosas seguían estando ahí.

miércoles

Burocracia judea

Todo sucede dentro del edificio del Centro Hebreo Ioná, había entrado porque necesitaba pedir un papel que certificara mi Bat Mitzvá (lo cual además de ser parte del universo onírico, es una necesidad real). Pero en vez de ir a la sinagoga, iba a la oficina de dirección del colegio, donde estaba sentado un hombre -el actual director- con un gato que se franeleaba contra su cuerpo. El señor parece que me conocía, era simpático y tenía muchas ganas de hablarme, me contaba cosas de su gato mientras él le caminaba por el cuello. El gato era muy lindo, blanco y naranja, creo que era un cachorro. El punto es que yo necesitaba el papelucho y me estaba costando mucho pedirselo, porque me daba mucha charla y me cambiaba de tema. Después lo terminaba consiguiendo y al salir de la oficina me encuentro con unos compañeros de cuando cursé 7°grado ahí, aunque no los identificaba con los seres reales. Ellos me contaban que habían abierto un kiosco posta en el colegio, que hicieron de la venta improvisada de golosinas para el viaje de egresados un negocio organizado. En un momento la cosa se pone confusa porque empiezo a subir y bajar las escaleras angostas de la parte de atrás del edificio tratando de encontrar mi aula (?), pero donde creía que debía entrar había chicos de preescolar.
En un momento, entro al baño de chicas del primer piso y estaba el espíritu de alguien que conozco pero no recuerdo quién. A pesar de haber muerto recientemente, esta persona estaba muy tranca y me contaba boludeces. Lo extraño es que hablaba un poco en castellano, pero a veces se hacía el creepy y decía cosas en inglés.

Medianoche en Plaza Francia

No sé si para el día de la primavera fueron con sus compañeros a Plaza Francia. Cuando yo solía ir en la primera mitad de la década del 2000, en general había, además de muchos estudiantes un poco borrachos, algunas bandas o espectáculos que improvisaban escenarios en el pasto con mayor o menor convocatoria.

Era tarde a la tarde en mi sueño (recordemos que yo vivo los sueños como si fueran reales y jamás me doy cuenta que estoy soñando hasta por lo menos cinco minutos después de que me desperté) y yo estaba paseando por Plaza Francia cuando a lo lejos veo unos chicos en el pasto. La música que tocaban me sonaba un montón hasta que me di cuenta que eran los Babasónicos.
No estaban en el escenario del Design con 10.000 personas empujando para entrar. Estaban sobre la hierba, tocando para 20 personas con unos amplificadores chiquititos. Pero eran los babasónicos: en el micrófono, Dárgelos, en la batería, Panza, en el teclado, Tuñon, en la guitarra, Mariano, en la otra guitarra Diego Uma y en el bajo, Gabo Manelli.
Miré a la gente.
Después miré a la banda.
¿Eran ellos? Sí, eran ellos.
Estaba anonadada.
Parecía natural pero era imposible.
El bajista muerto de los babasónicos estaba tocando con ellos.
Estaba vivo.

Al terminar de tocar, los músicos empezaron a desarmar sus equipos. No había separación así que me les acerqué.
Tenía mucho miedo.
Agarré una guitarra criolla que encontré por algún lado y me puse a tocar algún tema de Mucho. Entonces viene Gabo, se sienta al lado mío y me dice "¿no te sabés alguna nuestra de los primeros discos?"
Gabo era simpático. Hablamos de cosas que ahora no me acuerdo. Me salió tocar una de Infame hasta que me acordé Sol Naranja. Ni siquiera llegué a cantarla y Diego Uma se da vuelta y, como gesto de aprobación me sonríe y me dice "eeeh, qué buena esa!".
Estaba tocándole a los Babasónicos sus temas en la criolla. En el pasto. En Plaza Francia. Con Gabo, que estaba vivo.
Ahí me doy cuenta lo que pasaba.
No estábamos en 2011.
Estábamos en 2007.
Y el 2007 duraría hasta que yo me despertara al día siguiente.
Como Owen Wilson en Medianoche en París.

¿Cómo había viajado en el tiempo?
No tenía idea.
Estaba con los Babasónicos, ahora viajando a un lugar que era como mi peluquería pero más grande.
Estaban mis amigos, estaba Tom, a nadie le sorprendía que los Babasónicos no fueran estrellas, a nadie le sorprendía que Gabo no estuviera muerto. Nadie sabía.

Con Diego Uma nos miramos. Me hace una seña de algo confuso, lo que los dos suponemos.
Nos metemos a un armario que en vez de puertas tenía unas telas. Mi novio estaba ahí pero yo me dejaba llevar. Algunos se daban cuenta y pasaban de largo. Era extrañamente muy sensual Diego Uma, con esa actitud de estoy mirando a tu novia y qué.

Salimos del armario y los Babasónicos ya se estaban metiendo en una van para irse. Diego quería dejarme su teléfono y su dirección pero Tom no tenía que darse cuenta. Me deja un papelito incoherente y se mete a la van. Yo me voy con Tom y miro el papelito.
Me sentía infiel y no entendía nada.

jueves

Pequeños traviesos

Estábamos con Tom en Gesell o un lugar de la costa parecido, en una reunión aburrida y nos queríamos ir a fumar.
Estábamos con alguna otra persona, creo que con una chica, y cruzábamos hasta la rambla para darnos cuenta que la playa estaba toda iluminada con reflectores (porque era de noche) y había patrulleros y otras cosas bastante mala onda.
Nos metíamos en la playa y nos poníamos a caminar hasta encontrar un lugar más o menos oscuro y resguardado del viento y nos sentábamos a cumplir con nuestro fin.
En eso vemos que se acercan unos pibitos y se sientan con nosotros. Un poco nerviosa, se me cae el faso a la arena y les digo "igual chicos no les iba a convidar", "igual nosotros ya fumamos", dicen los pibes, "ah, si, cuántos años tienen, 14?" "no, 11", yo me quedo helada y me despierto.

viernes

Ensoñación en el río

Me desperté de una especie de pesadilla en el tigre, no sé si porque alguien abrió la puerta del baño o porque empezó a llover fuerte, ya ni me acuerdo. Cuestión que empecé a enroscarla y para bajar un poco la ansiedad me acordé que de chica cuando tenía sueños feos mi madre "me barría" con una escoba imaginaria los malos pensamientos de la cabeza, tranquilizándome y haciéndome volver a dormir. Me imaginé a mis pensamientos melancólicos como pelotas negras chiquitas, entre snichs y abejorros zumbadores, que volaban a mi alrededor. Alguien con una red de mariposas los cazaba y los juntaba, pegando unos contra otros hasta formar una gran cama doble toda negra con patas como de gato grandes. Luego le drenaba el color negro, se lo sacaba como con una manguera y se convertía en una enorme cama blanca galopante en la cual yo me subía, salía de mi casa de río y me iba sabe quién a donde, a otros sueños o por ahí a otras islas.

jueves

Qué onda, Sigmund?

Prometí no analizar los sueños pero este me dejó tan perturbada que hasta me da miedo comentárselo al psicólogo.

Soñé que era una especie de hermafrodita y que podía tener sexo conmigo misma introduciendo mi órgano sexual masculino en mi órgano sexual femenino.

TENÍA PIJA, ENTENDÉS, PIJA, Y ME LA PODÍA METER, DOBLAR Y METER.

Si fuera más artística y bohemia haría un cuadro con la situación pero por ahora lo voy a dejar así.

Probablemente todos tengan o hayan tenido sueños sexualmente perturbadores pero somos pocos los que nos animamos a contarlos.

Que sueñen con los angelitos, que no tienen sexo.

Chau.



viernes

Music Hall

Ya no tenía la llave de la casa de los papás de Tom por eso tocaba el timbre.
Me abría él y resultaba que el hall de su edificio era muchísimo más grande de lo que es en realidad.
Atrás del ascensor se extendía un espacio donde estaba Tom con sus compañeros de la facultad preparando el decorado de una obra o algún proyecto artístico.
El decorado era como un biombo gigante que lo estaban pintando.
Yo me sentía incómoda porque no los conocía a los compañeros pero igual algunos me saludaban por mi nombre y me decían "hola Mich". Todo era extraño.
Después venía la hermana y había como unas sillas de jardín verdes como las que tiene mi papá.
Había una chica en joggin adidas negro con tres rayitas blancas, o era Tom, no sé.

También antes o después de eso había soñado con una fiesta con sillones que yo me encontraba con gente y después caía Tom, pero mucho no me acuerdo.