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viernes
creo que enloquecí
Yo estaba en una fiesta medio rave así, mucha endrogación, mucha luz de color, mucha proyección en la pared. Estaba Iván, estaba Martín, había como un habitáculo de meditación y yo entraba y ellos estaban meditando uno al lado del otro. Se hacían amigos después. Yo no me sentía rara ni incómoda, había buena onda. Y después estaba cansada y le decía a iván de que nos vayamos y le daba besos ahi adelante de Martín y todos nos reíamos de que yo estaba super drogada. Al día siguiente, o en otro momento del sueño: Iván y yo nos teníamos que encontrar en algún lugar de Buenos Aires que no se si era Temperley o Hurlingham. Entraba a un restaurante de la avenida principal para buscarlo, pero no lo encontraba. Entonces salía, Iván iba caminando por la mano de enfrente y cruzaba al medio que había como una plazoletita porque nos gritábamos desde las veredas. Tenía un rodete en la cabeza, arriba, pero como media cola. Me decía que lo espere un segundo. Volvía al toque con el pelo corto y lacio y estaba hermoso y yo le decía que me encantaba su pelo anterior pero que este me fascinaba porque se le veia más la cara.Estabamos ahi en la parada de un colectivo esperando que venga, re enamorados. Después aparecíamos en un lugar con pileta, pero él medio que se iba, no se si se iba a encontrar con Martín o iba a buscarlo a algún lugar. Y aparecía en el agua, así como que salía de abajo, una gorda. Ésta gorda era la novia de Ivan del futuro, ella era como una viajera en el tiempo y me contaba las cosas que Iván y ella iban a vivir, se iban a conocer unos días después me dijo, me contó de viajes, del nombre que le iban a poner al perro. Yo veía todo esto como una peli en mi cabeza, me imaginaba a Iván tratando de levantar a upa a la gorda en la pileta, y cosas similares. Hijos? No. Yo escuchaba alegre, con atención, me alegraba por él. 10 años iba a durar esa relación me decía. Entonces caía en la cuenta de lo que me estaba diciendo y la sonrisa se me empezaba a borrar del rostro y me ponía a llorar, en unos días yo no iba a estar más con él, ni hasta dentro de 10 años o quizás nunca más. De repente me despertaba en la habitación de mi mamá, llorando, lo llamaba a Iván para contarle el sueño, pero se cortaba, mi papá también me llamaba y pasaba lo mismo. Había unos tipos raros en el balcón. Yo estaba semidesnuda y me miraban, entonces yo cerraba la persiana y le gritaba a mi mamá que viniese. Y ella me explicaba que estaban arreglando algo en el balcón y que se habian demorado porque estaban esperando que les traigan una herramienta. Finalmente lograba comunicarme con Ivan: Todo era un sueño, lo de la gorda y Temperley. Pero decía que lo de Martín era cierto, que se llevaban super bien, no te acordás de la fiesta de anoche? Y Martin era un chabón super buena onda y estaba re metido en la movida mística y espiritual y se había convertido en una especie de guía. Fin.
miércoles
Medianoche en Plaza Francia
No sé si para el día de la primavera fueron con sus compañeros a Plaza Francia. Cuando yo solía ir en la primera mitad de la década del 2000, en general había, además de muchos estudiantes un poco borrachos, algunas bandas o espectáculos que improvisaban escenarios en el pasto con mayor o menor convocatoria.
Era tarde a la tarde en mi sueño (recordemos que yo vivo los sueños como si fueran reales y jamás me doy cuenta que estoy soñando hasta por lo menos cinco minutos después de que me desperté) y yo estaba paseando por Plaza Francia cuando a lo lejos veo unos chicos en el pasto. La música que tocaban me sonaba un montón hasta que me di cuenta que eran los Babasónicos.
No estaban en el escenario del Design con 10.000 personas empujando para entrar. Estaban sobre la hierba, tocando para 20 personas con unos amplificadores chiquititos. Pero eran los babasónicos: en el micrófono, Dárgelos, en la batería, Panza, en el teclado, Tuñon, en la guitarra, Mariano, en la otra guitarra Diego Uma y en el bajo, Gabo Manelli.
Miré a la gente.
Después miré a la banda.
¿Eran ellos? Sí, eran ellos.
Estaba anonadada.
Parecía natural pero era imposible.
El bajista muerto de los babasónicos estaba tocando con ellos.
Estaba vivo.
Al terminar de tocar, los músicos empezaron a desarmar sus equipos. No había separación así que me les acerqué.
Tenía mucho miedo.
Agarré una guitarra criolla que encontré por algún lado y me puse a tocar algún tema de Mucho. Entonces viene Gabo, se sienta al lado mío y me dice "¿no te sabés alguna nuestra de los primeros discos?"
Gabo era simpático. Hablamos de cosas que ahora no me acuerdo. Me salió tocar una de Infame hasta que me acordé Sol Naranja. Ni siquiera llegué a cantarla y Diego Uma se da vuelta y, como gesto de aprobación me sonríe y me dice "eeeh, qué buena esa!".
Estaba tocándole a los Babasónicos sus temas en la criolla. En el pasto. En Plaza Francia. Con Gabo, que estaba vivo.
Ahí me doy cuenta lo que pasaba.
No estábamos en 2011.
Estábamos en 2007.
Y el 2007 duraría hasta que yo me despertara al día siguiente.
Como Owen Wilson en Medianoche en París.
¿Cómo había viajado en el tiempo?
No tenía idea.
Estaba con los Babasónicos, ahora viajando a un lugar que era como mi peluquería pero más grande.
Estaban mis amigos, estaba Tom, a nadie le sorprendía que los Babasónicos no fueran estrellas, a nadie le sorprendía que Gabo no estuviera muerto. Nadie sabía.
Con Diego Uma nos miramos. Me hace una seña de algo confuso, lo que los dos suponemos.
Nos metemos a un armario que en vez de puertas tenía unas telas. Mi novio estaba ahí pero yo me dejaba llevar. Algunos se daban cuenta y pasaban de largo. Era extrañamente muy sensual Diego Uma, con esa actitud de estoy mirando a tu novia y qué.
Salimos del armario y los Babasónicos ya se estaban metiendo en una van para irse. Diego quería dejarme su teléfono y su dirección pero Tom no tenía que darse cuenta. Me deja un papelito incoherente y se mete a la van. Yo me voy con Tom y miro el papelito.
Me sentía infiel y no entendía nada.
Era tarde a la tarde en mi sueño (recordemos que yo vivo los sueños como si fueran reales y jamás me doy cuenta que estoy soñando hasta por lo menos cinco minutos después de que me desperté) y yo estaba paseando por Plaza Francia cuando a lo lejos veo unos chicos en el pasto. La música que tocaban me sonaba un montón hasta que me di cuenta que eran los Babasónicos.
No estaban en el escenario del Design con 10.000 personas empujando para entrar. Estaban sobre la hierba, tocando para 20 personas con unos amplificadores chiquititos. Pero eran los babasónicos: en el micrófono, Dárgelos, en la batería, Panza, en el teclado, Tuñon, en la guitarra, Mariano, en la otra guitarra Diego Uma y en el bajo, Gabo Manelli.
Miré a la gente.
Después miré a la banda.
¿Eran ellos? Sí, eran ellos.
Estaba anonadada.
Parecía natural pero era imposible.
El bajista muerto de los babasónicos estaba tocando con ellos.
Estaba vivo.
Al terminar de tocar, los músicos empezaron a desarmar sus equipos. No había separación así que me les acerqué.
Tenía mucho miedo.
Agarré una guitarra criolla que encontré por algún lado y me puse a tocar algún tema de Mucho. Entonces viene Gabo, se sienta al lado mío y me dice "¿no te sabés alguna nuestra de los primeros discos?"
Gabo era simpático. Hablamos de cosas que ahora no me acuerdo. Me salió tocar una de Infame hasta que me acordé Sol Naranja. Ni siquiera llegué a cantarla y Diego Uma se da vuelta y, como gesto de aprobación me sonríe y me dice "eeeh, qué buena esa!".
Estaba tocándole a los Babasónicos sus temas en la criolla. En el pasto. En Plaza Francia. Con Gabo, que estaba vivo.
Ahí me doy cuenta lo que pasaba.
No estábamos en 2011.
Estábamos en 2007.
Y el 2007 duraría hasta que yo me despertara al día siguiente.
Como Owen Wilson en Medianoche en París.
¿Cómo había viajado en el tiempo?
No tenía idea.
Estaba con los Babasónicos, ahora viajando a un lugar que era como mi peluquería pero más grande.
Estaban mis amigos, estaba Tom, a nadie le sorprendía que los Babasónicos no fueran estrellas, a nadie le sorprendía que Gabo no estuviera muerto. Nadie sabía.
Con Diego Uma nos miramos. Me hace una seña de algo confuso, lo que los dos suponemos.
Nos metemos a un armario que en vez de puertas tenía unas telas. Mi novio estaba ahí pero yo me dejaba llevar. Algunos se daban cuenta y pasaban de largo. Era extrañamente muy sensual Diego Uma, con esa actitud de estoy mirando a tu novia y qué.
Salimos del armario y los Babasónicos ya se estaban metiendo en una van para irse. Diego quería dejarme su teléfono y su dirección pero Tom no tenía que darse cuenta. Me deja un papelito incoherente y se mete a la van. Yo me voy con Tom y miro el papelito.
Me sentía infiel y no entendía nada.
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